25 Av 5781 – 02/08/2021

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Mecenazgo

Melilla presenta un gran joyero arquitectónico modernista, del cual gran parte fue llevado a cabo por mecenazgo judío, una labor ejercida por una sociedad que tras largos siglos volvía a pisar suelo español desde su expulsión en 1492. Antes de conocer aquellos edificios, debemos aclarar la idea que tenemos sobre el modernismo español, al que no tardamos en unir a la figura de Gaudí  y su Barcelona modernista. Si pretendemos aplicar esta idea a la arquitectura modernista de Melilla no llegaríamos a identificarlos, pues estamos ante un modernismo heredero de ese continuo academicismo o eclecticismo arquitectónico que se venía practicando en la ciudad de Melilla de la mano de los ingenieros militares.

El espacio donde se ubica este joyero arquitectónico es conocido como el Triángulo de Oro de la ciudad, y haremos hincapié en quiénes fueron los que estuvieron detrás tanto para la financiación de dicho trabajo, como en la ocurrencia de dicha estructura o propietario de cierta obra arquitectónica. No será hasta el año 1909 cuando tengamos la primera actuación de un arquitecto, Enrique Nieto. Mientras tanto, serán los ingenieros militares los responsables de los proyectos, y quienes definan las primeras tipologías de planta en la arquitectura melillense.

En primer lugar, hablaremos del autor de uno de los edificios exponente del mecenazgo hebreo en la arquitectura civil, el conocido como “Casa de David J. Melul”, obra de Enrique Nieto.  Corresponde con el número 1 de la Avenida Juan Carlos, lindante también a las calles General Marina y la Plaza de España. En sus comienzos, el Edificio Melul contaba con bóvedas coronando los miradores laterales que aún posee, además de un arco central similar al que aún podemos observar en la fachada que mira hacia la Avenida.  Presentaba un diseño de fachada muy original en contraste a lo que venía haciéndose de la mano de los ingenieros, quienes apostaban por el historicismo y clasicismo que ordenaba simétricamente las fachadas. Más tarde la propiedad pasará a manos de D. Samuel Melul Benchimol. 

Siguiendo a pie la acera izquierda de la avenida, tras dejar atrás el Edificio Melul, nos pararemos ante un edificio que sobresale al resto en cuanto a estilo. Esta casa se encontraría justo al lado de lo que fue en su momento el Economato Militar de Melilla, un edificio que sí recoge aquellas características puramente gauditanas. Junto a este, la Casa de Jacques Eskenazi Aguilera, con un diseño Art Decó, proyecto de Enrique Nieto.

Más adelante del centro de la Avenida, junto al gran edificio que hoy pertenece al grupo de Inditex, ZARA, encontramos un edificio de color rojizo, cuya forma original partía de un proyecto del ingeniero militar Droctoveo Castañón, y sobre esa edificación actuará Enrique Nieto, siendo ya propietario del inmueble Amrram J. Wahnon, realizando una reforma en la planta principal y añadiendo una nueva planta. Los pisos se encuentran articulados por cuatro vanos, en cuyo centro, y recorriendo toda la altura del edificio, aparece de forma adelantada al frente de fachada, la misma solución de ventanas y mirador que ya podíamos apreciar en la Casa Melul y la Casa de Jacques Eskenazi, aunque en estos desplazados hacia los laterales.

Subiendo aún más la Avenida, antes de su última manzana, llegamos al edificio que en el año 1909 se le concede a Isaac Benarroch. Pero en 1929, con motivo de instalar un establecimiento de ferretería por la familia Cabanillas, siendo ya la Casa de Moisés S. Cohen Laredo, cuando se llevaría a cabo un proyecto firmado por Enrique Nieto y José Chocrón.

Si nos trasladamos a la acera de enfrente, una manzana más arriba del edificio que tratábamos, nos encontramos con un inmueble que según palabras del presidente de la Asociación Mem Guímel, perteneció a una familia judía, una obra más de Enrique Nieto, recurriendo de nuevo  a ese gran mirador estuche octogonal con gran decoración floral, sobresaliendo muy potentemente de la fachada, situándose en el chaflán del edificio. 

Otro arquitecto que también realizó proyectos reedificando edificios del ensanche Reina Victoria fue Francisco Hernanz, quién trabajó para Yamín Samuel Chocrón Benzaquén en 1936, realizando una obra que se enmarcaría en la arquitectura aerodinámica con un uso de volúmenes curvos y balcones ovales, potenciando la verticalidad del chaflán.

En cuanto a los ingenieros que trabajaron bajo mecenazgo hebreo encontramos a Alejandro Rodríguez Borlado, proyectando para Salomón Dray Benaim, Ezer Benarroch y Ezer Benaim. Por otro lado Eusebio Redondo Ballester, quién proyectaría la Casa Salama que hoy encontramos en la Plaza de las Cuatro Culturas de Melilla, siendo la primera vivienda judía fuera de la plaza fuerte, situada a su vez en uno de los primeros ensanches de la ciudad conocido como Mantelete. Pero sin duda resalta el ingeniero militar Emilio Alzugaray Goicoechea. Si Enrique Nieto fue el responsable del cambio estilístico de la ciudad, introduciéndola en las fórmulas modernistas catalanas, Alzugaray será quién continúe en la experimentación de dichas formas.

De esta manera, las principales obras de Alzugaray las encontramos en un pequeño grupo de manzanas situado muy cerca del ensanche de reina Victoria, que más tarde pasará a denominarse barrio de Gómez-Jordana. De estos solares, el que sobresale, es el que realizó para Salomón Cohén Bittan en 1915, en la calle Sor Alegría n.º 7, donde aplicará una decoración abigarrada con cierta elegancia. Se trata de una casa que posee dos fachadas, ambas rematadas con un frontón curvo en su zona central, mientras que en el chaflán aparece, en el segundo piso, un mirador con columnitas, con cornisa en forma de corona y cubierto por una pequeña cúpula de cascarón nervada. De nuevo, esa solución de mirador-estuche, con la presencia de la corona, un diseño que ya vimos en el Edificio Melul de Enrique Nieto, hoy desaparecido.

Para terminar, destacaremos un elemento de la vivienda de Samuel Cohén, las puertas. Sobresale la decoración tan sofisticada, donde encontramos la presencia de los Leones de Judá frente a jarrones con flores, y bajo esto, la flor de Lys. Tal vez, estemos ante uno de los edificios en el que más se aprecie un lenguaje estilístico propiamente judío, donde la expresión arte judío es arte legible solo para judíos cobre fuerza.